No juzguéis para que no seáis juzgados

Lupa en compuLas palabras de Jesús en Mateo 7:1 han sido manipuladas por ciertos cristianos en un afán de persuadir a aquellos de nosotros que nos atrevemos a emitir opinión acerca del proceder de otros, dentro y fuera del cuerpo de Cristo.  Se tiene la falsa creencia de que con estas palabras Jesús prohíbe a sus seguidores emitir juicio alguno sobre lo que otros dicen o hacen.  Esto es particularmente frecuente en las redes sociales cuando alguien comenta o señala algo que considera errado.  La respuesta frecuente a esa clase de denuncia viene de estos ‘amigos mordaza’ que citan este y otros versículos similares, en clara ignorancia del sentido que estas palabras tenían originalmente.  Esta lectura errónea de las palabras de Jesús demanda un examen cuidadoso de lo que dice la Biblia en cuanto a cristianos juzgando a otros cristianos y al mundo que nos rodea.

Los traductores de la versión más conocida de la Biblia en castellano —la venerable Reina Valera 1960— decidieron utilizar el verbo “juzgar” para traducir indistintamente dos diferentes vocablos en el idioma griego, que es el lenguaje original usado por los escritores del Nuevo Testamento.  Afortunadamente nuevas versiones y traducciones de la Biblia usan términos más fieles al original como los que se presenta en este artículo.  Es por ello que el mal uso de estos versículos lo hacen con más frecuencia aquellos cristianos aferrados a la versión tradicional de la Biblia en Español.

JuezEl primer verbo es κρινω (krino), el cual tiene el sentido de condenar aquello sobre lo cual emitimos determinado juicio.  Quien así juzga, lo está haciendo con la clara intención de emitir una sentencia negativa sobre quienquiera que es objeto de su juicio.  Tanto Jesús como Pablo exhortan al cristiano a no practicar esta clase de juicio condenatorio.  No debemos ponernos en el papel de jueces, al detentar el poder de condenar las acciones de otros.  Este es el sentido de Mt. 7:1 («No juzguen, para que no sean juzgados» RVC) el cual debe ser leído en contexto.  Jesús advierte sobre la insensatez de pretender sacar la paja del ojo ajeno cuando tenemos una viga en nuestro propio ojo.  Cualquier señalamiento —dice Jesús, debe hacerse habiendo pasado por un autoexamen previo y hacerlo con humildad, como quien está también sujeto a fallar.  No es una prohibición la que hace Jesús, sino una advertencia.  El contexto hace claro que aunque Jesús desanima este tipo de juicio, también anima otro: el tipo de juicio en el cual se puede distinguir quienes son perros y cerdos (Mt. 7:6).  De hecho, Jesús nos da el criterio en base al cual debemos distinguir la conducta de falsos religiosos en el vr. 16 de ese mismo capítulo («Por sus frutos los conocerán»).  ¿De qué sirven estos lineamientos que el mismo Jesús da si no estamos facultados siquiera para examinar la conducta de aquellos que nos rodean?

Ese es el sentido de la segunda forma de juzgar.  El verbo es el mismo que el primero pero suavizado con un prefijo.  Cuando Pablo dice en 1 Cor. 4:3 «Por mi parte, muy poco me preocupa que me juzguen ustedes o cualquier tribunal humano; es más, ni siquiera me juzgo a mí mismo» (NVI) está usando el verbo ἀνακρίνω (anakrino), el cual tiene el sentido de examinar, investigar, discernir o evaluar.  Pablo dice que él no teme ningún tipo de escrutinio que la gente pueda hacer de su conducta, reconociendo la falta de objetividad que él puede tener si desea hacerlo consigo mismo.  Un líder maduro como Pablo recibe de buen grado esta clase de examen, somete sus obras al escrutinio público, sabiendo que tal ejercicio es inevitable y parte de nuestra capacidad de discernimiento como cristianos.  Este es el sentido en el que lo usa en esta misma carta en 2:14 donde esta palabra se traduce “discernir espiritualmente” en la mayoría de versiones.  En contraste, dos versículos más adelante, cuando dice «Por lo tanto, no juzguen nada antes de tiempo; esperen hasta que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón…» se usa nuevamente el verbo ‘krino’, el que tiene que ver con juzgar para condenar, no para discernir y evaluar.

Romanos 14 es el ejemplo más claro de la clase de juicio que Dios no aprueba, cuando Pablo exhorta al hermano “débil” a no juzgar con la intención de condenar (krino) a aquellos que comen de todo sin problemas de conciencia.  Este tipo de juicio condenatorio es propio de hermanos inmaduros, que no han desarrollado un criterio en cuanto a lo que es bueno y lo que es malo.  Es más fácil considerar todo como pecado, que entrar en el ejercicio de discernir espiritualmente las cosas.  Esa capacidad de examinar las cosas (anakrino) de manera madura y objetiva es lo que muchos confunden como condena, cuando son dos cosas diferentes.

OpinionLos cristianos estamos llamados a “examinarlo todo” (1 Tes. 5:21 δοκιμάζω dokimazō: poner a prueba, aprobar).  En contraste con el cristiano carnal, el cristiano espiritual es el que es capaz de “juzgar todas las cosas” (anakrino) pero él no es juzgado por nadie (1 Cor. 2:15).  Este último versículo es el que nos da licencia para someter todas las cosas al examen de la Palabra, de nuestra conciencia espiritual y una cosmovisión Cristocéntrica.  Los cristianos aun podemos ensayar cierto grado de juicio de la categoría ‘krino’.  De hecho Pablo nos anima a hacerlo entre nosotros mismos cuando dice en 1 Cor. 6:2-3 «¿Acaso no saben ustedes que los santos juzgarán (krino) al mundo? Y si son ustedes quienes han de juzgar (krino) al mundo, ¿acaso les es poca cosa juzgar (kriterion) casos muy pequeños?  ¿No saben ustedes que nosotros juzgaremos (krino) a los ángeles? ¡Pues con más razón los asuntos de esta vida!» (RVC).  Noten el término para referirse cómo tratar los asuntos que estamos llamados a juzgar entre hermanos, Pablo los considera “insignificantes” (NVI), asuntos pequeños que demandan un criterio maduro para juzgar y resolver sin mayores enredos.

Que nadie pretenda amordazar a aquellos que, en un ejercicio de discernimiento espiritual basado en las Escrituras, examinamos, sometemos a prueba, investigamos y evaluamos las obras y palabras de otros, bajo la guianza del Espíritu de Verdad.  Los cristianos tenemos no solo el derecho sino la responsabilidad de juzgar todas las cosas.  Tenemos la libertad de denunciar el error haciendo uso de los medios a nuestro alcance, pero debemos hacerlo movidos por el amor, animados por un espíritu profético de no solo denunciar, sino también abrir la puerta al arrepentimiento y la restauración.  Pocos serán los líderes o hermanos que reciban de buen grado la corrección a su error por lo que, con la misma autoridad profética que nos da la Palabra, hemos de anunciar el juicio de Dios que vendrá sobre aquellos que tuercen las Escrituras y desvían a otros en pos de su error.

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