La lavadora de mi abuelita

En la casa de mi abuelita —donde transcurrió mi niñez— había objetos muy peculiares que casi no se encontraban en otras casas construidas a mediados del siglo pasado.  Mi próspero abuelo era amante de la tecnología y buscaba tener objetos que despertaran asombro, el equivalente actual a comprar el último dispositivo electrónico.

Por ejemplo, en una esquina de los gabinetes inferiores de la cocina había una bandeja giratoria (que los norteamericanos suelen llamar ‘lazy Susan‘) con la cual me entretenía horas enteras.  Colocaba mis juguetes junto a los demás utensilios y los hacía recorrer innumerables órbitas a temeraria velocidad.  Tal entretención terminó cuando algunos trastos fueron víctimas de mi empírico aprendizaje sobre las fuerzas centrífugas, con el consecuente y doloroso castigo.

De todas, mi máquina favorita era lo que a los ojos de un niño de cinco años parecía ser una cápsula espacial.  En la década de los 60’s las misiones Apolo capturaban la atención del mundo entero. Todos los niños soñábamos con ser astronautas.  Ese clóset metálico, siempre vacío, con una única portezuela redonda de vidrio, era una irresistible invitación a poner a volar mi imaginación.

A diferencia de la estufa o la refrigeradora, este misterioso mueble blanco no era utilizado para nada.  Gigantesco, y aparentemente inútil, mi nave intergaláctica ocupaba un privilegiado espacio techado en la parte exterior de la casa, junto al patio de juegos.  La primera vez que abrí la escotilla, el cilíndrico y brillante interior me pareció fascinante.  Giraba convenientemente para ajustar el asiento del astronauta a los diferentes ángulos de la órbita terrestre, lo cual pronto pude comprobar.  ¡Pasé horas en innumerables viajes a la luna junto a mis héroes de la NASA!

Con el pasar de los años me enteré que mi nave espacial no era más que una lavadora de ropa que mi abuela nunca usó por temor a descomponerla.  Su escepticismo ante las nuevas tecnologías le hizo lavar la ropa a mano toda su vida, reservando el costoso aparato para ser —sin saberlo— un juguete más de su pequeño nieto.  A los siete u ocho años tuve que renunciar a mis viajes espaciales por haber sido sorprendido por la abuela a medio camino a Marte.

Botón Temor TecladoLa parábola de la lavadora me hace pensar en la actitud de muchos cristianos ante las nuevas tendencias y maneras de hacer las cosas en este siglo XXI.  Habiendo nuevas tecnologías disponibles para hacer nuestro trabajo más eficiente, nos aferramos a nuestros antiguos métodos.  Atrapados por el temor a lo desconocido o el escepticismo a lo novedoso, la resistencia al cambio nos paraliza, haciéndonos obsoletos y poco productivos.

No es lo que Dios espera de nosotros de acuerdo a la enseñanza de Jesús en Mateo 25.  La conocida parábola de los talentos ilustra la manera en la que Él nos confía valiosos recursos para que hagamos un óptimo uso de ellos y logremos fructíferos resultados.  De los tres siervos, uno de ellos decide no hacer nada con lo recibido y deja su talento intacto.  Los otros dos que multiplicaron sus talentos fueron recompensados pero el temeroso que no hizo nada fue reprendido por su falta de acción.

Siempre habrá niños traviesos que encontrarán usos creativos para las cosas que Dios nos ha dado y que con actitud temerosa a veces colocamos en el santuario de lo incomprensible.  Que Dios nos haga más como niños, para atrevernos a usar lo que Él pone delante nuestro y así volar al infinito y más allá.

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Si eres de las personas que saben que necesitan hacer más ejercicio, pero te falta motivación, este vídeo es para ti.  Hay dos clases de personas que encuentras caminando o corriendo en la calle: los que lo hacen por fitness y los que lo hacen por necesidad.

Parte 2: Hangar 41 (36 horas en Bruselas)

Hangar 41El frío ya calaba fuerte (aprox. 10° Celsius) y no todos contábamos con ropa abrigada.  Anticipando la tardía llegada de la primavera a Europa central, yo había empacado toda mi ropa invernal en el equipaje que iba a mi destino final (Budapest).  Apenas tenía un chaqueta sport sobre mí, pero también la bufanda que mi hermano me había heredado, la cual junto a un sombrero de fieltro negro me mantuvieron abrigado en esas horas.  Confieso que —en un intento de hacer lo que Jesús haría, tímidamente intenté compartir mi bufanda con el joven de mangas cortas, pero su juventud no le concedió la humildad de aceptar mi sacrificial ofrecimiento.  Creo que mi sombrero tampoco hubiese sido bienvenido por alguno de los encopetados pasajeros que difícilmente se pondrían en la cabeza algo usado por alguien más, ¡aunque el frío les estuviera congelando la coronilla!

Finalmente la angustiosa espera llegó a su fin.  Sin ayuda de ningún altavoz, sino con gritos y gesticulaciones, gente de chaleco fosforescente nos empezó a llevar a unos autobuses para lo que todos esperábamos que fuera el retorno al acogedor edificio terminal.  Al pasar de largo por la entrada supimos que nuestro destino era diferente.  Gran sorpresa fue cuando los autobuses se detuvieron junto a un gigantesco hangar.

Hangar 41 crowdAllí iniciaría la larga espera en donde el sentimiento inicial de temor fue reemplazado por agónica incertidumbre.  Había una falsa sensación de seguridad, por estar en un recinto semi-cerrado.  Digo falsa, porque en ningún momento pude observar cerco de seguridad ni elementos adecuadamente armados de algún cuerpo policial.  En la puerta se observaban unos pocos miembros de la policía belga, lo cual confirma lo que los analistas han dicho respecto a la falta de infraestructura de seguridad en Europa para manejar incidentes de esta envergadura.

El drama humano que se desencadenó a partir de entonces es indescriptible.  La necesidad de usar servicios sanitarios fue la primera cosa que hizo evidente las condiciones infrahumanas de nuestro hacinamiento.  Las largas filas frente a los escasos baños testificaban de la insuficiencia de este hangar para proveer algo de decencia a una de las necesidades humanas más básicas y que requieren un mínimo de manejo civilizado.  Recuerdo que mi primer pensamiento al entrar a Bélgica fue “Veamos cómo luce un país europeo de primer mundo”, ¡sin imaginar que en cuestión de minutos sería transportado a una pesadilla tercermundista!

Sentados y paradosAl principio la gente estaba parada y deambulaba de un lado a otro.  Conforme los minutos se convirtieron en horas, todos tuvieron que aceptar la realidad que el único lugar para sentarse era el suelo.  Poco a poco la gente empezó a acomodarse lo mejor posible para soportar la larga espera que vendría.  Junto a las pocas mantas que se habían empezado a distribuir, un pedazo de cartón o material aislante de embalaje se convirtió en una preciada posesión que libraba a sus dueños del humillante contacto con el frío piso de cemento.

Cartones y escalerasEn circunstancias así es donde se puede observar los actos más nobles pero también los más ruines.  La benevolente repartición de mantas y comida hizo evidente el nivel de egoísmo del alma humana.  Por ser un hangar de mantenimiento de aeronaves había algunas escaleras en los extremos del salón.  Después de recoger algunos panes y fruta fui afortunado de encontrar una de esas escaleras rodantes vacía para poder sentarme a comer.  A los pocos minutos, colocaron pilas de mantas atrás de las escaleras, usándolas como barrera natural para intentar hacer una repartición ordenada.  La gente rápidamente se amontonó, demandando –más que pidiendo, una o más de esas cobijas.  La muchedumbre se abalanzaba sobre mí y estaban pasándome literalmente encima.  Por un momento sentí que iba a ser completamente arrollado, y solo alcanzaba a gritar inútilmente “Easy! easy!”.

Cuando el tumulto terminó, yo también había alcanzado a recibir una de las mantas.  Junto a mí se habían acomodado unas chicas españolas, una de las cuales se había sentado sobre dos de esas cobijas, echándose una más encima y otra en su bolso. Al observar esto, uno de los voluntarios se acercó e indicó a la muchacha que le entregara una de las mantas “para una pequeña niña que no recibió una”.  Ella se negó; él insistía.  No pude soportar más.  Tomé mi cobija y dije al hombre “Take mine for the little girl!”  La mezquina muchacha me lanzó una mirada de incredulidad y yo no pude más que devolverle una de reproche.  No mucho tiempo después, un africano que había observado la escena empezó a reclamarle cómo es que ella tenía cuatro y él no había alcanzado ninguna.  Gritándose en idiomas diferentes, el africano arrebató de forma violenta una de las mantas de las manos de la muchacha.

CalefactorCreyendo no tener posibilidad de reemplazar la cobija, me encaminé a un lugar donde me había parecido ver un pequeño calefactor.  La gente se había amontonado alrededor, tratando de librarse del intenso frío.  Lo mismo sucedía en otra parte con las escasas tomas de corriente disponibles para recargar los insaciables teléfonos celulares.  Ver gente aglomerada en alguna parte del hangar era sinónimo de que algo esencial estaba disponible de manera limitada, fuera comida, agua, corriente eléctrica, calefacción, o servicios sanitarios.  De pronto se cruzó frente a mí uno de los voluntarios que llevaba varias frazadas en las manos y con una sonrisa me ofreció una, la cual me fue de gran utilidad en las horas siguientes.

Power hungryMi pensamiento me llevó de vuelta a la convicción que yo tenía lo que esta gente más necesitaba.  Por encima de las cosas anteriores, el temor inicial de los atentados empezaba a ser reemplazado por un prevalente sentimiento de incertidumbre.  Se acercaba la noche y la pregunta en la mente de todos era ¿dónde vamos a pernoctar?  ¿qué vamos a comer?  ¿cuándo podré proseguir mi viaje?  ¿dónde está mi equipaje?  La sola idea de pasar la noche en las condiciones que vivíamos en ese hangar ya estaba haciendo estragos en el ánimo de muchas personas.

Cuando tus preguntas no tienen respuesta, cuando el futuro se avizora incierto y oscuro, lo que mas necesitas es esperanza.  Esta multitud de cientos de miles de personas necesitaban algo que yo sí tenía.  Aquellos que tenemos una inquebrantable fe en Dios y hemos sido objeto de su infinito amor, hemos sido llamados a ser agentes de esperanza en las circunstancias difíciles de la vida.  Supe que esta experiencia se prolongaría y que Dios me tenía en ese lugar con el propósito de impartir esperanza a la mayor cantidad posible de personas.

HacinadosPor esa razón y por el simple espíritu de supervivencia supe que debía asociarme con algún grupo, ya que no era fácil estar llevando mis cosas de un lado a otro.  No era fácil recibir comida y bebidas cuando sólo tienes una mano libre, por estar llevando tu equipaje en la otra.  No había sido fácil dejar un rincón con un pedazo de alfombra en el cual sentarme por ir al baño y al volver encontrarlo ocupado.  ¡Necesitaba compartir esta experiencia en solidaridad con alguien! pero ¿quién o quiénes?  La experiencia con el grupo de españoles, me había mostrado que había gente que hablaba español en esta multitud.  Empecé a buscarlos.

Un grupo llamó mi atención: Una pareja madura de españoles compartía junto a un joven colombiano y una joven croata que hablaba español.  El grupo lo completaba una pareja joven, ella española, él norteamericano.  Inicié una conversación informal y había logrado integrarme al grupo para el momento en el que vino el esperado anuncio.  Seríamos trasladados en una hora o más a lo que describieron como “un complejo militar”.  El anuncio también nos informaba que se escucharía una “explosión controlada”, aparentemente la tercera carga explosiva que los terroristas no alcanzaron a detonar.

Mi vuelo había llegado puntualmente y apenas media hora antes de los atentados yo deambulaba por la Terminal A.  Debo atribuir a Dios la gloria de librarme de haber estado cerca de alguno de los lugares donde ocurrieron las explosiones.  No puedo dejar de darle gracias a mi buen Señor por haber podido llegar a tiempo a Bruselas: a tiempo para salir de mi avión, a tiempo de pasar por los controles migratorios, a tiempo para poder comer un desayuno (la única comida completa en las siguientes horas), a tiempo para estar en el lugar indicado, en el momento justo, con la gente precisa, para cumplir la misión de ser sal y luz.

A partir de las 8:30 que mi desayuno había sido interrumpido, habían pasado nueve horas, en donde mi destino inmediato era aun incierto pero mi vida había sido librada providencialmente y eso era suficiente motivo para dar gracias a Dios y tener la esperanza que el final de esta historia estaba en Sus preciosas manos.

Sigue… Parte 3 – Brabanthal

Hangar 41 carpets

Leer Parte 1 – Zaventem

Del temor a la esperanza: 36 horas en Bruselas – Parte 1: Zaventem

Como sede de la Unión Europea, Bruselas se congratulaba de su alto nivel de confiabilidad… hasta el pasado 22 de marzo. Un atentado terrorista sacudió la capital belga matando a 31 personas e hiriendo a cerca de trescientos más. El drama de estas víctimas ha sido ampliamente cubierto por los medios.

EZARevacuadoPero hubo otro drama que involucró a más de 2 millares de personas y acerca del cual los medios casi no dijeron nada. Esta singular vivencia me tocó compartirla junto a viajeros de todo el mundo que se encontraban en la terminal de Zaventem en el preciso momento de las explosiones suicidas. Esta es mi narrativa de lo que me tocó vivir, una experiencia en donde el temor se convierte en incertidumbre, y la incertidumbre —tarde o temprano, se transforma en esperanza.

Parte 1: Zaventem

De los casi 24 millones de pasajeros que anualmente transitan por el aeropuerto de Bruselas, nos tocó a algunos cientos compartir una experiencia que al escribir estas líneas aun no termina para algunos. Mi vuelo procedente de Washington aterrizó providencialmente antes de lo planeado, lo cual me permitió pasar los controles de migración e ingresar a territorio Schengen con todo mi equipaje de mano. Ese no fue el caso de muchos pasajeros que al momento de las explosiones estaban a bordo de aviones ya en tierra o a punto de aterrizar. Ellos tuvieron que aguardar dramáticos y largos minutos atrapados en la cabina de sus aeronaves, hasta que personal de seguridad del aeropuerto los evacuaron sin permitirles llevar ninguna de sus pertenencias, como suele suceder en casos de emergencia.

EvacuaciónEstaba terminando mi desayuno —un delicioso wafle belga— cuando empecé a ver gente caminando apresuradamente en una sola dirección. Dentro del restaurante alguien empezó a palmear con fuerza, gritando en francés algo que no alcancé a entender. Solo supe que tenía que renunciar a mi último bocado de wafle y seguir a la muchedumbre cuyo rostro reflejaba pánico y temor. Nadie daba instrucciones precisas. No sonaba ninguna alarma ni se escuchaba voz alguna o altoparlante. Solo voces lejanas y algunos uniformados gesticulando indicaciones de movernos a un extremo de la terminal. Quince minutos después fuimos evacuados en medio de gran confusión a una de las áreas adyacentes a la pista de aterrizaje. La gente caminaba en todas direcciones. Algunos se quedaron en el sitio original a donde habíamos sido llevados, pero muchos empezaron a caminar rumbo a la salida del aeropuerto y nadie sabe cuántos pasajeros locales simplemente decidieron renunciar a sus planes de viaje, volviendo a la ciudad.

AmbulanciasAmbulancias, motobombas y carros de policía entraban y salían continuamente. Todo el mundo trataba de enterarse por sus teléfonos móviles pero aparentemente las redes celulares habían colapsado por la alta demanda. Fueron aproximadamente tres horas de agónica espera, donde el sentimiento prevalente era temor. Las noticias empezaron a correr de boca en boca.   Dos terroristas se habían inmolado con sendos chalecos llenos de explosivos, matando a algunos e hiriendo a muchos más (los números eran confusos en ese momento). Contra todos mis planes, tuve que contratar un plan roaming de datos con mi empresa de servicio telefónico, resignándome a pagar el alto costo que ameritaba esta emergencia.

Fuera del aeropuertoMás que el frío calando los huesos de aquellos poco abrigados, el temor empezó a calar en los corazones de todos. Nadie sabía si era un ataque aislado. Yo hasta pensé en una hábil estrategia terrorista para reunir gente en un determinado lugar y hacer una carnicería mayor. Muchos que probablemente estaban pensando lo mismo se alejaron del grupo principal, y fueron a esconderse a otras partes del aeropuerto.

En esos momentos todo lo que puedes hacer es llenar tu mirada de la paz de Dios, quitarte los anteojos y empezar a buscar el rostro de la gente, impartiéndoles con una mirada y una sonrisa algo de esa paz que sobrepasa todo entendimiento y que traspasa cualquier barrera de idioma.

Celular infoEra difícil hacerlo, ya que la mayoría tenían la mirada pegada a sus celulares.  Muchos fumaban nerviosamente, los que viajaban en familia o como grupo conversaban en toda clase de idiomas. No escuché mucho inglés y pronto recordé que estaba en Europa continental, donde el inglés no es el idioma preferente de la mayoría de la gente y supe que sería complicado iniciar alguna conversación.  Se empezaron a ver gestos de solidaridad, cuando empleados de la empresa DHL junto a la cual nos encontrábamos varios cientos de personas empezaron a repartir botellas de agua. La gente no estaba segura si beberla por no haber disponibilidad de servicios sanitarios. Esta espera a campo abierto sobrepasó las tres horas, sin que ninguna autoridad hiciera algo respecto a estos cientos de asustados pasajeros.

Una cosa empezó a hacerse obvia: Europa no está preparada para manejar esta clase de emergencias. A pesar de los recientes atentados terroristas en Paris, los gobiernos europeos parecen carecer del liderazgo institucional capaz de tomar decisiones y comunicarlas eficazmente en momentos así. El hecho que ninguna autoridad tomara control de este inmenso grupo de pasajeros, dejándoles deambular sin rumbo ni dirección solo me recordó la escena cuando Jesús vio a las multitudes de Israel como ovejas sin pastor.

En ese momento tomé la decisión de dejar que Jesús guiara cada uno de mis actos y mis palabras, sin importar la duración o el desenlace de esta situación.

continua… Parte 2: Hangar 41

multicultural crowd

 

Happy…

Pharrell_Williams_HappyPharrell Williams logró en 2015 poner a medio mundo a bailar al ritmo de la canción “Happy”, la cual fue el tema del primer video musical de 24 horas donde gente de toda raza, tribu, lengua y nación se mueve al compás de la pegajosa melodía.  Las siguientes líneas se repiten en el coro, intercalando armoniosamente la frase “Porque soy feliz” (Because I’m happy).

Ven si te sientes como una habitación sin techo,
Aplaude si te sientes como si la felicidad es la verdad,
Aplaude si sabes qué es la felicidad para ti,
Aplaude si sientes que es lo que quieres hacer.

Ciertamente la felicidad es algo que algunos creemos sentir pero todos deseamos tener.  Más que un sentimiento, la felicidad es un estado al cual todos anhelamos llegar.  La felicidad es la suprema aspiración, la meta de todo ser humano, el bienestar máximo que resume lo mejor que podemos desearle a alguien.

En ocasiones especiales, el buen deseo de ‘happy birthday”, ‘feliz navidad’ o ‘feliz año’ está a flor de labios y punta de dedos. Esos superficiales saludos —que particularmente abundan en redes sociales— no debieran encontrarse en los labios o muros de Facebook de los cristianos.

Tres razones:

1. La felicidad no es un objetivo de vida del auténtico cristiano.  En ninguna parte de la Biblia Dios promete ni garantiza la felicidad, mucho menos manda a buscarla.  La felicidad es una ilusión, una utopía a la que aspiramos pero que los cristianos no hemos sido llamados a hacerlo un propósito de vida.  No nacimos para ser felices o buscar la felicidad de manera obsesiva.  La Biblia describe de una manera diferente ese estado ideal del pueblo de Dios en el cual se disfruta bienestar y suprema realización de sueños y anhelos.  Se le describe con palabras tales como “shalom” y se caracteriza por justicia, paz y gozo (Rom. 14:17), pero nunca felicidad como tal.  La felicidad es un sub-producto que se encuentra en el camino de búsqueda de algo más grande y trascendental como es el reino de Dios y su justicia (Mt. 6:36).  La felicidad no es una meta ni una aspiración, sino algo que a Dios le complace darnos con otros nombres tales como “bendición” (Deut. 28) o “vida en abundancia” (Jn. 10:10).

2. Feliz año nuevo, feliz cumpleaños o feliz navidad son expresiones que no reflejan una visión cristiana de la vida.  Esos automáticos saludos expresan un buen deseo de la manera incorrecta.  Aquí la buena intención no vale.  Lo que esas frases en realidad dicen es: “Espero que en este día (o año) puedas cumplir tus deseos y llenar tus necesidades de tal manera que eso te haga sentir que eres feliz”.   Aun peor es cuando de forma poco reflexiva repetimos clichés como ‘feliz navidad y próspero año nuevo’, donde en forma clara y sin ambigüedad equiparamos la felicidad a bonanza material.  A la persona que le dedico una frase como ‘feliz cumpleaños’ o ‘feliz día de la madre’ le estoy dando un buen deseo para un día en particular, pero ¿qué del resto del año o de su vida?  Nuestros saludos quedan atrapados en la temporalidad de la ocasión cuando lo que Dios desea para nosotros es algo más permanente que la Biblia describe como bendición.  Las cosas que vemos hacer a los hijos de Dios en la Biblia no es desear felicidad, ¡es bendecir a otros!  Las palabras que debieran estar en nuestros labios y muros de Facebook son palabras de bendición de Dios, no superfluos deseos de felicidad.

3. La dicha para el cristiano no tiene nada que ver con el concepto de felicidad según el mundo presente.  Lo que está detrás de nuestros saludos es el genuino deseo que la persona amada goce de relativa prosperidad material, buena salud y sobre todo, que reciba amor, aprecio y admiración de familia y amigos.  Tales bien intencionados deseos no reflejan lo que Jesús opina sobre la felicidad humana en esta tierra.  En la única oportunidad que Jesús describe algo parecido a una aspiración por tener felicidad (las bienaventuranzas de Mateo 5), hace una contrastante descripción de las maneras de lograr ese estado.  Allí se lista cosas que pueden considerarse todo lo opuesto a la felicidad, tales como llorar o sufrir persecución, ¡no precisamente lo que ahora se considera la fórmula de la felicidad!

Ni Jesús ni el Padre se contentaron con desearnos bienestar supremo en forma de bendiciones o bienaventuranzas.  Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos descripciones muy claras de cómo luce un hombre feliz o una mujer dichosa.

Ser bienaventurado es superior a ser feliz; el gozo del Señor es más grande que la felicidad humana; disfrutar la bendición de Dios es más que tener satisfactores materiales.

Sea en el Salmo 1 o en las historias que Jesús contó que llamamos parábolas del reino se retrata una imagen diferente a nuestro concepto de felicidad.  De la misma manera, cuando nosotros deseamos felicidad a alguien nos quedamos cortos si no les mostramos exactamente cómo luce ese bienestar que les estamos deseando y —más importante aún, si no les mostramos la manera de obtenerlo, apoyándoles para lograrlo.  Eso se llama bendecir, lo cual es más grande que un mediocre saludo de ‘feliz cumpleaños’ o ‘feliz año’.

Feliz Año NuevoMe angustia saber que durante todo este mes de enero cada persona con la que hable me saludará o se despedirá con el consabido ‘feliz año’; que en mi cumpleaños volveré a recibir los conocidos ‘happy birthday’ y que la próxima Navidad volverán a resonar a mi alrededor los ‘merry Christmas’ y ‘feliz navidad’.   Me propongo responder con la sonrisa más sincera posible “…y bendiciones del Señor para ti también”, sabiendo que la intención de mis hermanos es buena aunque estén usando frases que no expresan debidamente lo que quieren desearme.  Los que puedan y quieran, ¡cambiemos la cultura cristiana! reflejando en todo nuestro hablar una cosmovisión cristiana de la vida que nos hace ser, más que solamente felices, ¡bendecidos y bienaventurados!

Carta abierta a Jimmy Morales

JIMMY-MORALESEras el candidato menos probable.  Pero Dios elige candidatos con pocas probabilidades de éxito, para que su divino poder se perfeccione en la debilidad humana.  Los ejemplos abundan en las páginas del libro que te ha acompañado desde tu niñez.  Dios decidió usar a un tartamudo exiliado para libertar a Su pueblo de la esclavitud egipcia.  Antes de él, un esclavo prisionero había sido levantado por Dios para traer salvación a toda una civilización.  Más tarde, Dios escogió a un modesto pastor de ovejas para ser rey de Israel.

La lista continúa.  Fue un humilde campesino el elegido para liderar un reducido pero victorioso ejército de 300 guerreros.  Y, ¿ya mencioné a los pescadores de escasas letras que fueron de los 12 seguidores de Jesús que revolucionaron el mundo entero?  Ninguno de estos poseía las credenciales que le calificara para el liderazgo que les tocó asumir.  La tarea que tenían por delante era monumental.  Sin embargo, todos se desempeñaron más allá de lo que humanamente podía esperarse.  Realizaron proezas admirables, vencieron enemigos formidables y cumplieron la misión que les fue asignada.

Four heroesLa historia está llena de candidatos poco probables.  El monje agustino que desafió y reformó la iglesia; el marinero genovés que descubrió el nuevo mundo; el frágil pacifista que desafió al imperio británico para lograr la independencia india; el pastor bautista que ganó la batalla por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos.  Pero así como estos, también hay una larga lista alterna.  Por cada David hay un Saúl, por cada Pablo hay un Pedro, y cada campeón tiene su predecesor y contraparte; personajes contrastantes que Dios quiso usar como primera opción pero que no se dejaron usar y le obligaron a traer de la banca a un emergente que resultó mejor que el titular.

Ahora todos se preguntan si, con todas las probabilidades en contra, tú serás el instrumento que Dios usará para devolver la esperanza y reconstruir los muros de un país en ruinas.  A mí no me cabe la menor duda.  Lo sé porque creo en el mismo Dios que usó a todos los que he citado y muchos más para cumplir Sus designios para las naciones.  Ese mismo Dios es el que puede usarte para obrar Sus propósitos para Guatemala.  Todo depende de que tu actitud y disposición sea la misma que caracterizó a los héroes enumerados, que sorprendieron al mundo y enmudecieron a los escépticos.  No pierdas la sencillez y humildad que has mostrado hasta ahora.  Han sido la clave para ganar el favor del pueblo que te está eligiendo.  Dios te dará la sabiduría y sagacidad que necesitas para cumplir el supremo llamamiento que Él te ha hecho a servir en la vida pública.

A la luz de tu experiencia política previa como un poco exitoso candidato a la alcaldía mixqueña, casi nadie creía en ti.  ¡Ni siquiera aparecías en las encuestas!  Acostumbrada a reír con tu comicidad en pantalla, tomó tiempo que la gente empezara a tomarte en serio.  Ahora tienes la oportunidad histórica de ser usado por Dios para transformar el futuro de nuestro país.  ¡Ánimo Jimmy!  ¡El Señor está contigo y puede usarte para lograr cosas extraordinarias si estás dispuesto a hacerlo, no en tus propias fuerzas o sabiduría, sino en la medida de Su gracia y Su poder!


Jimmy Morales es el candidato presidencial ganador de las elecciones generales celebradas en Guatemala el pasado 6 de septiembre y en segunda ronda el 25 de octubre de 2015.  Al momento de escribir estas líneas Jimmy estaba pendiente de enfrentar a su contendiente finalista en la segunda ronda de votaciones, donde 2 millones y medio de guatemaltecos votaron por él, con una diferencia abismal de votos con la candidata opositora.  El presidente anterior, Otto Pérez Molina fue forzado a renunciar junto a su vicepresidenta Roxana Baldetti, rodeados de oprobio por acusaciones de corrupción y enfrentan cargos judiciales que les mantienen en prisión.  Jimmy es el presidente electo de Guatemala y tomará posesión de su cargo el 14 de enero de 2016.

Atrapado en la medianitud

EquilibristaHay diferencia entre mediocridad y medianidad. Encuentro virtud en el arte del equilibrista que gravita entre dos extremos. Soy alguien que no es extremadamente rico ni extremadamente pobre; no recibí la mejor ni la peor educación; los autos que manejo no son los más caros ni los más baratos; la casa donde vivo es un palacio para los pobres pero apenas una choza para los opulentos.

Dios decidió colocar a muchos de nosotros en la mitad del espectro de la vida con la intención deliberada de darnos perspectiva.  Es desde esta privilegiada posición al medio que podemos ver arriba y abajo, afuera y adentro, a derecha y a la izquierda.  Unos le llaman balance, otros medianidad, yo le llamo medianitud —aunque le pese a la Real Academia y le tome otros diez años aceptar el término.  Encuentro una dosis de virtud divina en la capacidad de reconocer tu posición y aprender a ver la vida y el universo desde la medianía donde Dios te ha colocado.

Microscopic-Black-Holes

Tomemos el universo en el que habitamos.  Tu posición y tamaño respecto al espacio sideral es insignificante.  El planeta en que habitas, el sistema solar, la misma vía Láctea, es un minúsculo grano de arena en el mar infinito de las galaxias y el ecosistema astronómico conocido.  Pero a través del lente del microscopio somos unos gigantes.  Al explorar el universo nanomilimétrico de células, átomos, partículas y hadrones, es fácil sentirse dios del universo cuántico.  Estamos justo a la mitad en la escala universal.

Ni ricos ni pobres

© Quino (Mafalda)

Me siento cómodo en la posición socioeconómica de clase media emergente en la que estoy.  Me da la oportunidad de tratar con ricos y pobres por igual.  Estoy agradecido por mi Mazda 2008 que no me hace envidiar al amigo que tiene el Volvo del año pero me lleva a mi destino con mayor comodidad y seguridad que el pickup modelo ’76 que aun veo circular por las calles.  Estoy contento con mi educación que, sin ser un doctorado de Harvard me ha dado lo que necesito para estar mejor que los analfabetas de mi país.  No soy el presidente de mi organización, pero tampoco el empleado de menor rango.  No viajo en jets privados pero tampoco en autobús de tercera clase.  ¡Me considero afortunado cuando la aerolínea comercial me da un ascenso de cortesía a clase ejecutiva!  La oración del sabio en Proverbios 30:8 («no me des pobreza ni riqueza»), es la clase de vida de la que Pablo testifica cuando dice:

«Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (Fil. 4:12-13 NVI)

Empecé a reflexionar y a vivir con perspectiva cuando estaba justamente en la medianía de la vida.  En esa década de los cuarentas, a medio camino entre la cuna y la tumba, es cuando aun posees salud y energía pero ya adquiriste suficiente sabiduría y experiencia para dar lo mejor de ti.  Puedes ver a los viejos con compasión y a los jóvenes con empatía.  Empiezas a cosechar en relativa prosperidad el resultado del duro trabajo de décadas anteriores.

No importa  hacia donde vea o cuál sea el objeto de mi reflexión.  Sea el vecindario donde vivo, el país donde nací, la era que me tocó vivir, el tamaño de televisor que tengo, la ropa que me pongo o mi jerarquía en la empresa; en todo me veo atrapado a la mitad.  A la mitad de la historia, del continente, de la sociedad y del universo, estoy agradecido por esta medianitud y comprometido a vivir con sabiduría y perspectiva desde esta posición privilegiada en la que Dios me ha colocado.