Más de Jesús… más como Cristo

La Biblia al Pie de la Letra_A.J.JacobsHace unos años encontré un libro, best seller en la lista del New York Times en 2008, que llamó poderosamente mi atención y, como suele suceder en esos casos, no pude resistir la tentación de comprarlo.  En una mezcla de sátira, religiosidad profana y algunas verdades bíblicas, el autor A.J. Jacobs se embarcó en la aventura de demostrar que practicar los principios de vida que la Biblia presenta es una tarea virtualmente imposible.  Solo me bastó leer un poco menos de la mitad del libro para hastiarme del tono irreverente del autor.  20071025_jacobsPor ejemplo, el tomó Levítico 19:27 como base para deducir que la Biblia dice que hay que dejarse crecer la barba y así lo hizo durante todo el año que duró su experimento de vivir “bíblicamente”.  Hizo otras cosas extremas como usar ropa sin fibras mezcladas (como lo manda Lev. 19:19) con sus respectivos flecos y hasta buscar gente adúltera para lapidarlos.

Vivir una vida como la que vivieron los personajes bíblicos, seguir el ejemplo de aquellos que la Biblia nos presenta como modelo de una vida que agrada a Dios puede ser verdaderamente desafiante.  Pero de todos (Abraham, Noé, José, Moisés, Josué, David, Pablo) ninguno más imposible de imitar que Jesús, el Hijo de Dios, precisamente aquel cuya conducta hemos sido llamados a imitar como sus seguidores que somos.  El mandato es inevitable: “Imítenme a mí, como yo imito a Cristo.” (1 Cor. 11:1 NVI)  Ser imitadores de Cristo inevitablemente nos hace un modelo a imitar por otros, y eso puede ser el pensamiento intimidante.  No queremos ese compromiso, no nos atrevemos a asumir ese desafío.  De hecho, las palabras de Pablo nos parecen arrogantes.  La realidad es que Dios espera que todos seamos como Cristo.  Es lo que implican las palabras de Pablo en Efesios 4:13 “hasta que todos lleguemos… a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

Es un tremendo desafío eso de embarcarnos en la aventura de ser como Cristo.  Es un proyecto en el que hay que invertir cada minuto de la vida; un proceso que demanda cada gramo de atención y energía que podamos tener; un reto que para la mayoría representa un fracaso casi seguro.  La realidad es que pocos se animan a tomarlo porque nos parece un proyecto imposible, un proceso inacabable, un reto inalcanzable.d-discipleship

Al proseguir la ruta a la santidad, lo haremos siguiendo los pasos de Jesús.  Si santidad es vivir la vida que agrada a Dios y Jesus fue la persona que mejor lo logró, viviendo una vida que todos aspiramos imitar pero que pocos nos consideramos capaces de lograrlo, entonces es tiempo que aprendamos más de Jesús para poder ser más como Cristo.

Jesús y Cristo

¿Cuál es la diferencia entre decir Jesús y decir Cristo?  ¿Por qué usamos los dos nombres en nuestro lema del año?  Cuando nos referimos al Señor por su nombre “Jesús” estamos haciendo énfasis en su humanidad y en su rol salvador.  Jesús (o Yeshúa, ιησουσ, Josué) un nombre común entre los judíos cuyo significado es “El Señor Salva” (Yahweh salva).  En contraste, Cristo no es un nombre sino un título que significa “ungido”.  Es la traducción griega del término hebreo que se refiere al “Mesías” en el Antiguo Testamento.  De modo que cuando nos referimos al Señor como JesuCristo (como lo hace Pablo a menudo en sus epístolas, acompañado del título “Señor”) estamos expresando uno de los más grandes misterios de la fe cristiana: la perfecta humanidad de Jesús combinada con la perfecta divinidad de Cristo, o lo que los teólogos han llamado la “unión hipostática”.  No es que el Señor sea mitad Dios y mitad hombre.  Durante su tiempo aquí en la tierra, Jesús fue 100% Dios y 100% hombre.  El nombre Jesús entonces representa al ‘Hijo del Hombre’, como Él se refería con frecuencia a sí mismo, haciendo evidente su plena humanidad.  Jesús es aquel que en su condición humana se acercó a nosotros, es como uno de nosotros, vivió como uno de nosotros, tuvo hambre, tuvo frío, experimentó dolor, manifestó todo un abanico de emociones humanas como las que tú y yo tenemos, tuvo las mismas limitaciones de tiempo y espacio que nosotros padecemos y sobre todo, estuvo sujeto también a sufrir la muerte.  Así lo pone Pablo en Filipenses 2:

5 Que haya en ustedes el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, 6 quien, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre. (Fil. 2:5-11 RVC)

Estudiaremos la vida de Jesús, paso a paso. Haremos un viaje en el tiempo y nos adentraremos en la narrativa de los Evangelios.  Nos uniremos al grupo de discípulos y seguidores de Jesús y a través de los ojos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan seremos testigos en primera fila de los milagros y las enseñanzas de Jesús.  Pero, más que la curiosidad que arrastraba a aquellas multitudes a buscar a Jesús, más que el interés de recibir comida gratis o la morbosidad de verlo enfrentar a los líderes religiosos y la autoridad romana, nosotros vamos a buscarlo por una razón diferente.  Nos interesa conocer a Jesús.

Conocer a Jesús

¿Conoces a Jesús?  Piensa en la persona con quien has compartido más tiempo de tu vida: cónyuge, padres, hermanos, compañeros de estudio o de trabajo.  ¿Cuántos años de matrimonio se necesitan para que alguien pueda decir que realmente conoce a su esposo o su esposa?  ¿10? ¿20? ¿30 o 40?  Algunos recién casados dirán “Con un año de casado ¡ya tengo todo lo que necesito conocer!”  Al inicio de la relación con mi esposa Sheny comparamos nuestra aventura matrimonial y el reto de conocernos uno al otro con escalar una montaña.  k2_facesPara aquellos que piensan que iniciar una relación de noviazgo es haber conquistado la cumbre del amor, o llevar a tu novia al altar matrimonial es como haber conquistado el Everest, debes saber que tienes mucho camino por delante.  Así como una montaña se puede ascender por diferentes caras —y hay montañistas que así lo hacen; no conformándose con subir al Everest o el Aconcagua por una de sus caras sino que lo hacen por diferentes rutas, así también una persona tiene diferentes facetas, diferentes maneras de conocerla y, en el caso de una pareja, de conquistarla.  Igualmente con Jesús.  Si tú crees conocerle por haber leído alguna vez el evangelio de Juan o haber escuchado algunas prédicas, quizá hasta leiste algún libro cristiano al respecto, te invito a que te prepares para una nueva aventura de conocer, a fondo, al Hijo de Dios, tal como se manifestó cuando estuvo aquí en la tierra.

Si esta relación con Cristo, este conocimiento de Jesús, es de tanto valor, ¿cuánto tiempo le dedicamos a cultivarla?  Cuando una relación es importante para ti, cuando un joven quiere conquista a una muchacha, cuando tú y tu cónyuge recién se habían hecho novios, lo que uno quiere es pasar tiempo con esa persona.  Conocerla, que nos cuente todo acerca de él o de ella.  Si un joven quiere quedar bien con su novia, ¡bien haría en estudiarla! saber qué es lo que le gusta, qué es lo que le desagrada.

Google JesusMucha gente estudia a la persona de Jesucristo desde diferentes ángulos.  Hay un ángulo biográfico, que nos presenta al Jesús histórico, como la figura que partió la historia en dos, antes de Cristo y después de Cristo.  Está el ángulo religioso, donde se representa a Jesús como la persona divina, rodeada de un halo de luz, casi esotérica; lejano e inalcanzable.  Está el ángulo filosófico, donde estudiamos el impacto cultural que tuvieron las enseñanzas de Jesús en moldear la civilización y especialmente el pensamiento occidental.  Podemos poner a Jesús bajo la lupa de la teología y volvernos unos expertos Cristólogos, eruditos de todo lo que respecta a la persona y la obra de Jesucristo.  Podemos ver a Jesús desde el punto de vista de todo lo que Él puede hacer por mí, salvarme, redimirme, rescatarme, sanarme, sacarme de mis problemas, consolarme… Solemos leer la vida de Cristo con la mentalidad de “Si Él multiplicó panes y peces por la gente, también a mí me va a proveer todo lo que necesito”; “Si él sanó al ciego, al leproso y al paralítico, entonces también me puede sanar a mí”;  “Si él tuvo compasión de la mujer con flujo de sangre entonces también tendrá compasión de mi”.  Todo es en función de , lo que Cristo puede hacer por mí.  Pero esto no es lo que haremos aquí.

Aprender a Cristo

Después de describir la manera en la cual viven aquellos que no conocen al Señor, Pablo dice en Efesios 4:20-21 (RVR)

20 Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, 21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.

Notemos que no dice (como lo traducen otras versiones) “aprender de Cristo” o “aprender acerca de Cristo” o “aprender sobre Cristo”.  ¿Qué significa esto de “aprender a Cristo”?  ¿Recuerda cuando usted aprendió a manejar bicicleta?  ¿O cuando aprendió a cocinar?  No es lo mismo aprender todo acerca de aprender a manejar automóvil, toda la teoría que involucra conducir un vehículo en la ciudad o en carretera, cuánta fuerza hay que aplicar para maniobrar el timón o la descripción precisa del momento en el cual debe soltarse el clutch en perfecta sincronización con pisar el acelerador para que el auto empiece a moverse; nada de eso es útil si usted no tiene la oportunidad de sentarse al volante y lanzarse a la aventura de aprender a manejar.  De la misma manera con Cristo.

Aprender a Cristo (εμαθετε τον χριστον emáthete ton Criston) significa que la persona de Jesucristo se convierte en el objeto de nuestro aprendizaje, el currículum que como cristianos debemos asimilar e interiorizar. No se trata solamente de aprender acerca de Cristo, como un cúmulo de información interesante, sino aprender a Cristo, como se aprende a leer, a cocinar, a manejar bicicleta o tocar un instrumento musical. Es un conocimiento que  se hace de tal manera parte de nuestra vida que se vuelve indisoluble, inseparable, parte integral de nuestro mismo ser.  De todas las cosas que usted puede aprender en la vida, de todas las cosas que te puede enseñar la universidad, la experiencia, la vida, la más importante de todas es aprender a Cristo, aprender sus caminos, andar como Él anduvo.  Sus hijos pueden aprender muchas cosas en el colegio, pero si ellos no aprenden a Cristo, ellos no han aprendido absolutamente nada que valga la pena.

Ser como Cristo

mother & babyLe preguntaba a una madre primeriza, trabajadora de baja condición, que orgullosa me mostraba las fotos de su bebé de dos meses de nacido “Si viniera una pareja de norteamericanos, que no tienen la posibilidad de concebir un bebé propio y le ofreciera medio millón de quetzales por tu bebé ¿los aceptaría?”  Ante la rotunda negativa de ella, quien no apartaba sus ojos de la foto del bebé en su celular, decidí elevar la oferta.  —“Un millón de quetzales”  A lo cual ella sin titubear respondió de la misma manera.  Antes que yo siguiera con este cruel juego, ella me dijo “Hay cosas en la vida que no tienen precio. No hay dinero en el mundo que pueda comprar el gozo de tener a mi bebé en mis brazos cada día al volver del trabajo”.  Así es como lo pone el apóstol Pablo en Filipenses 3 (NVI).  Después de enumerar todas las cosas que para él eran motivo de orgullo espiritual (5 circuncidado al octavo día, del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa; en cuanto a la interpretación de la ley, fariseo; 6 en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, intachable.) dice:

7 Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. 8 Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo 9 y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe. 10 Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte. 11 Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos. (Fil. 3:7-11 NVI)

A la hora de comparar todas las cosas que podemos tener en la vida, las cosas que podemos obtener como resultado de nuestro duro trabajo y sacrificio, todo el dinero, todos los títulos que la vida pueda darnos, tenemos que llegar a la conclusión que conocer a Cristo Jesús, compenetrarnos de la persona de Cristo en nuestra vida, buscar esa semejanza con él, es de mucho más valor que cualquier otra cosa en la vida.  Pablo no escatima vocabulario para describir como deshechos orgánicos (lo que otras versiones traducen moderadamente como “basura”) las demás cosas que la vida puede ofrecer comparado con la excelencia del conocimiento de Jesús.  Para él está claro que conocer a Cristo Jesús, ganar a Cristo, solamente lo conduce a una unión íntima con él.  Conocer a Cristo se vuelve una obsesión tan poderosa que llega a convertirse en una simbiosis, una relación tan interdependiente, que las características de uno empiezan a fundirse con las de la otra persona.  Esto es lo que suele suceder con personas que han estado casadas por largo tiempo, llegando en algunos casos a desarrollar hasta un parecido físico, según algunas personas.  El deseo de Pablo de llegar a ser semejante a Cristo, incluso en su muerte, lo expresó de esta forma en el conocido versículo de Gálatas 2:20:

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (RVR)

labauchHace casi un siglo, en 1915 un hombre llamado Frank Laubach y su esposa llegaron como misioneros a Filipinas.  Durante los primeros siete años se entregó al establecimiento de iglesias en la costa norte de una de las 7,000 islas que componen el archipiélago filipino, la gran isla de Mindanao.  Su ministerio tuvo tal reconocimiento que su misión le pidió que ayudara a establecer el Seminario Teológico Union en Manila lo cual hizo por varios años, sirviendo como profesor en el mismo.  Sin embargo su pensamiento no se apartaba de los Maranao, una tribu de feroces moros islámicos que habitaban parte de la isla donde él había servido y que eran prácticamente inaccesibles para cualquier misionero.  Casi medio millón de Maranaos no habían escuchado del evangelio y con gran sacrificio (dejando a su esposa y su hijo en otra isla como era costumbre entre los misioneros en ese entonces) en 1930 el Dr. Laubach decidió emprender esa aventura pionera entre estos musulmanes en Dansalan, en las tierras altas de Mindanao.  Este misionero ha sido llamado el “Apóstol del Alfabetismo”, por haber desarrollado un sistema pictográfico por el cual cualquier Maranao podía aprender a leer y escribir en corto tiempo.  Se acredita que más de 100 millones de personas han sido alfabetizados siguiendo este sistema.  Él fue el creador del lema “Cada uno enseñe a uno” (Each one teaches one)Letters by a Modern Mystic_coverEs en esa época que empieza a escribir una serie de cartas que han sido compiladas en el libro “Letters by a Modern Mystic” (no traducido al Español) y que describen el peregrinaje espiritual que emprendió junto con el reto de ganar a estos musulmanes para Cristo.

Mientras aprendía el idioma de estos Maranao, Laubach se propuso experimentar la presencia de Cristo ‘momento a momento’, inspirado por el clásico del Hno. Lorenzo titulado “La Práctica de la Presencia de Dios” (s. XVII)  El se propuso que cada uno de sus pensamientos, cada una de sus palabras, cada una de sus acciones, iba a ser dirigida y hecha con la consciencia de la presencia de Dios en él y por medio de él. Al principio dudaba que se pudiera vivir una vida así, continuamente sometido a la voluntad del Padre, literalmente orando sin cesar.  En sus cartas pregunta ¿Cómo puede uno concentrarse en su trabajo si al mismo tiempo está su pensamiento centrado en Cristo?  Llegó a desarrollar una técnica que él llamó el “juego de los minutos” en el cual desafió a sus contemporáneos a ver cuántos minutos seguidos podían ellos pasar en donde por lo menos un segundo de cada minuto uno podía pensar en Dios.  Miles de personas adoptaron esa disciplina y su juego llegó a convertirse en una de las disciplinas espirituales más extendidas entre los cristianos de aquella época.

En su libro, Laubach comparte la disciplina de vivir cada uno de tus momentos despierto haciendo la pregunta “Y ¿ahora qué Padre?” “¿Qué quieres que haga Señor?”  “¿Qué digo ahora, Cristo?”  Al principio el experimento, como él mismo lo llama, era sumamente frustrante.  Laubach escribe: “Hoy solo logré mantener mi pensamiento en Dios menos del 40% del día”.  ¡Comparado con él los que nos cuesta dedicarle al Señor siquiera cinco minutos diarios somos unos enanos espirituales!

Supongo que esto es lo que Pablo quiso decir cuando dijo “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí”.  La idea de conocer más a Jesús y ser como Cristo es dejar el Él viva su vida en mí.  Pero ¿cómo lo voy a hacer si conozco tan poco de Él?  ¿Cómo fue que Cristo vivió?  ¿Por qué dijo las cosas que dijo?  ¿Qué era lo que lo impulsaba a actuar de la manera que lo hizo?  Esas son justamente las preguntas con las que debemos acercarnos a los evangelios a la hora de estudiar la vida de Cristo.  robe_of_jesusEl llamado de esta serie no es a ver qué puede hacer Cristo por nosotros; es a ser imitadores de Cristo, llegar a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, identificar los rasgos de carácter del Salvador que podamos integrar a nuestro propio carácter y conducta.

Eso es justamente lo que los primeros seguidores de Jesús hicieron.  Cuando Jesús les dijo “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.” (Jn. 14:12 RV95) ellos entendieron que aunque Jesús se fuera de vuelta al Padre, su presencia y su obra continuaría en la tierra por medio de la Iglesia que es Su cuerpo.  Por ello es que, a los seguidores de Cristo se les llamó por primera vez “cristianos” en Antioquía (Hch. 11:26).  Ahora a cualquiera se le dice “cristiano”.  Hasta lo usamos de manera común para referirnos a cualquier fulano.  Solemos decir cosas como “Fijate vós que a una cuadra un carro ‘aventó’ a un cristiano”.  ¿Qué significa ser llamado “cristiano”?  El sentido original era ‘un pequeño Cristo’, en otras palabras ‘un Cristito’.  Es como cuando a los pertenecientes a la orden fundada por San Francisco de Asís se les llamó ‘franciscanos’ (con su respectivo voto de pobreza) o a los de la orden de Santo Domingo de Guzmán se les denominó ‘dominicos’ (con todas las características de su fundador y líder).  Conviene preguntarnos ¿qué es lo que caracteriza a los cristianos?  ¿Cuáles son los distintivos del carácter de Cristo que nosotros somos responsables de reproducir en nuestra vida?  Algunas personas creen que este reto llega demasiado tarde a su vida.  “Si hubiera escuchado este sermón más joven estaría a tiempo de hacer todo lo necesario para ser más como Cristo; pero ya estoy viejo y ahorita si ya no voy a cambiar”  Otros tienen toda clase de excusas para ni siquiera intentarlo “Mire, tratar de hacerme cambiar a mi es como querer que el tigre cambie sus manchas” o como dice un infame refrán “Genio y figura hasta la sepultura”.  Si eres un auténtico cristiano, una verdadera seguidora del Señor, no hay tal cosa como no poder cambiar el carácter.

Más de Jesús… más como Cristo.

Este es el lema que nos acompañará el resto del año 2013 y el inicio del próximo.  Iniciamos un peregrinaje de la mano del Señor, una invitación a conocerle más, a tomar el tiempo para estar más con Él.  Más de Jesús… es una frase que expresa el anhelo de un corazón sediento de la presencia del Señor, el clamor de un fiel seguidor del Maestro, no para convertirme en un erudito en Cristología, sino para parecerme más a Él, para pasar cada minuto de mi vida en su dulce presencia; que dondequiera que vaya la gente no vea a Estuardo, ni a Margarita ni a Jorge, sino a Cristo reflejado en cada uno de nosotros.  Que mis palabras sean Sus palabras, que mi mirada esté llena de Sus ojos, que mis pensamientos salgan de Su mente, que mis manos y pies sean movidos únicamente en virtud de Su gracia y Su poder para hacer lo que Él quiera, donde Él quiera, cuando Él quiera y como Él quiera.

Más de Jesús… ¡más como Cristo! debe convertirse en nuestro saludo cotidiano, una especie de mantra que nos repitamos a lo largo de todo este año.  De la misma manera que la frase “Ya no vivo yo… más Cristo vive en mí”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s