Del temor a la esperanza: 36 horas en Bruselas – Parte 1: Zaventem

Como sede de la Unión Europea, Bruselas se congratulaba de su alto nivel de confiabilidad… hasta el pasado 22 de marzo. Un atentado terrorista sacudió la capital belga matando a 31 personas e hiriendo a cerca de trescientos más. El drama de estas víctimas ha sido ampliamente cubierto por los medios.

EZARevacuadoPero hubo otro drama que involucró a más de 2 millares de personas y acerca del cual los medios casi no dijeron nada. Esta singular vivencia me tocó compartirla junto a viajeros de todo el mundo que se encontraban en la terminal de Zaventem en el preciso momento de las explosiones suicidas. Esta es mi narrativa de lo que me tocó vivir, una experiencia en donde el temor se convierte en incertidumbre, y la incertidumbre —tarde o temprano, se transforma en esperanza.

Parte 1: Zaventem

De los casi 24 millones de pasajeros que anualmente transitan por el aeropuerto de Bruselas, nos tocó a algunos cientos compartir una experiencia que al escribir estas líneas aun no termina para algunos. Mi vuelo procedente de Washington aterrizó providencialmente antes de lo planeado, lo cual me permitió pasar los controles de migración e ingresar a territorio Schengen con todo mi equipaje de mano. Ese no fue el caso de muchos pasajeros que al momento de las explosiones estaban a bordo de aviones ya en tierra o a punto de aterrizar. Ellos tuvieron que aguardar dramáticos y largos minutos atrapados en la cabina de sus aeronaves, hasta que personal de seguridad del aeropuerto los evacuaron sin permitirles llevar ninguna de sus pertenencias, como suele suceder en casos de emergencia.

EvacuaciónEstaba terminando mi desayuno —un delicioso wafle belga— cuando empecé a ver gente caminando apresuradamente en una sola dirección. Dentro del restaurante alguien empezó a palmear con fuerza, gritando en francés algo que no alcancé a entender. Solo supe que tenía que renunciar a mi último bocado de wafle y seguir a la muchedumbre cuyo rostro reflejaba pánico y temor. Nadie daba instrucciones precisas. No sonaba ninguna alarma ni se escuchaba voz alguna o altoparlante. Solo voces lejanas y algunos uniformados gesticulando indicaciones de movernos a un extremo de la terminal. Quince minutos después fuimos evacuados en medio de gran confusión a una de las áreas adyacentes a la pista de aterrizaje. La gente caminaba en todas direcciones. Algunos se quedaron en el sitio original a donde habíamos sido llevados, pero muchos empezaron a caminar rumbo a la salida del aeropuerto y nadie sabe cuántos pasajeros locales simplemente decidieron renunciar a sus planes de viaje, volviendo a la ciudad.

AmbulanciasAmbulancias, motobombas y carros de policía entraban y salían continuamente. Todo el mundo trataba de enterarse por sus teléfonos móviles pero aparentemente las redes celulares habían colapsado por la alta demanda. Fueron aproximadamente tres horas de agónica espera, donde el sentimiento prevalente era temor. Las noticias empezaron a correr de boca en boca.   Dos terroristas se habían inmolado con sendos chalecos llenos de explosivos, matando a algunos e hiriendo a muchos más (los números eran confusos en ese momento). Contra todos mis planes, tuve que contratar un plan roaming de datos con mi empresa de servicio telefónico, resignándome a pagar el alto costo que ameritaba esta emergencia.

Fuera del aeropuertoMás que el frío calando los huesos de aquellos poco abrigados, el temor empezó a calar en los corazones de todos. Nadie sabía si era un ataque aislado. Yo hasta pensé en una hábil estrategia terrorista para reunir gente en un determinado lugar y hacer una carnicería mayor. Muchos que probablemente estaban pensando lo mismo se alejaron del grupo principal, y fueron a esconderse a otras partes del aeropuerto.

En esos momentos todo lo que puedes hacer es llenar tu mirada de la paz de Dios, quitarte los anteojos y empezar a buscar el rostro de la gente, impartiéndoles con una mirada y una sonrisa algo de esa paz que sobrepasa todo entendimiento y que traspasa cualquier barrera de idioma.

Celular infoEra difícil hacerlo, ya que la mayoría tenían la mirada pegada a sus celulares.  Muchos fumaban nerviosamente, los que viajaban en familia o como grupo conversaban en toda clase de idiomas. No escuché mucho inglés y pronto recordé que estaba en Europa continental, donde el inglés no es el idioma preferente de la mayoría de la gente y supe que sería complicado iniciar alguna conversación.  Se empezaron a ver gestos de solidaridad, cuando empleados de la empresa DHL junto a la cual nos encontrábamos varios cientos de personas empezaron a repartir botellas de agua. La gente no estaba segura si beberla por no haber disponibilidad de servicios sanitarios. Esta espera a campo abierto sobrepasó las tres horas, sin que ninguna autoridad hiciera algo respecto a estos cientos de asustados pasajeros.

Una cosa empezó a hacerse obvia: Europa no está preparada para manejar esta clase de emergencias. A pesar de los recientes atentados terroristas en Paris, los gobiernos europeos parecen carecer del liderazgo institucional capaz de tomar decisiones y comunicarlas eficazmente en momentos así. El hecho que ninguna autoridad tomara control de este inmenso grupo de pasajeros, dejándoles deambular sin rumbo ni dirección solo me recordó la escena cuando Jesús vio a las multitudes de Israel como ovejas sin pastor.

En ese momento tomé la decisión de dejar que Jesús guiara cada uno de mis actos y mis palabras, sin importar la duración o el desenlace de esta situación.

continua… Parte 2: Hangar 41

multicultural crowd

 

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